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Reserva Natural de Muniellos

Artículo publicado el lunes 07 de junio de 2010, a las 18:12


La Reserva Natural Integral de Muniellos se puede considerar la joya de la corona del occidente de la Cordillera Cantábrica. En ella se halla el mayor robledal en buen estado de conservación de toda Europa occidental. Cuando nos adentramos en su interior, camino de las Lagunas de Muniellos, nos vemos inmersos en un océano de árboles y durante horas no alcanzamos a ver vestigios del paso del ser humano -exceptuando el sendero por el que caminamos- en un ángulo de 360º. Quizá carezca de la vistosidad de determinados hayedos o abedulares, pero el valor ecológico de este robledal es muy elevado.

Por ello el acceso a su interior está muy restringido. Solamente 20 personas por día -una vez por persona y año- pueden recorrer los senderos que parten de Tablizas. El itinerario largo recorre la ladera sur de la Sierra de Muniellos, por el paraje conocido como Fonculebrera y enlaza con el sendero que va paralelo al Río Tablizas en la Vallina Piélago. Desde ahí un corto tramo nos separa de las tres Lagunas de Muniellos. Lo habitual para personas con un fondo físico normal es realizar el circuito entero, que nos puede llevar de seis horas en adelante.

Para solicitar el permiso de entrada a la Reserva, bien podemos llamar al teléfono 985 27 91 00 o visitar la web del Principado de Asturias, www.asturias.es, donde podemos tramitarlo de forma autómatica. Pulsando aquí puedes ir directamente a la página donde se realiza.

Si nos encontramos en el entorno de Muniellos y no tenemos permiso, en caso de existir plazas libres ese día, podremos ser admitidos, siempre que llevemos nuestro DNI. Pero lo más recomendable es solicitar nuestra plaza previamente, con meses de antelación si se trata de los meses de verano, Semana Santa, puentes o fines de semana de la primavera u otoño. También podremos cancelarla o posponerla siempre que lo hagamos con un margen de tiempo.

La visita bien merece la pena, aunque sólo sea por la extraña sensación de sentirnos en una Amazonia a la asturiana, donde parecemos haber vuelto en la máquina del tiempo a una era donde el hombre aún no se había propuesto hacer desaparecer las grandes masas forestales que poblaban la Tierra.